Saturday, November 04, 2006

I. Yo no soy nada

Yo no soy nada. Apenas un puto instinto…que no es nada. Perdí la motivación: la poesía, inútil suplicio. Se llega la hora de que me calle, de que tire la pluma y preparé la horca. Mi muerte es solución, como siempre. Señores biógrafos: no se gasten en mi. Mi muerte es silencio.


Dice Sabines que en una semana se pueden reunir todas las palabras de amor y prendérseles fuego. Yo le ayudo. Aquí le dejo las mías, no sirven, están rotas. Aunque están escritas en tinta negra han perdido su color. Si, se fue La Musa. Me regaló su mirada confundida. Su silencio también es mi muerte.


Decisiones que transforman la realidad. ¿Y la poesía? Se quedó guardada en tus alas. Puedes quedarte con ella. Conmigo no se quiere estar. Si llega otro poeta a escribir sobre tu piel, acuérdate de mi. Perdón, me gana el sentimiento.


La hoja en blanco observa mi indefinición. Anoche escribí mi derrota en una pared de la ciudad. La policía no me vio. Quería dormir en la cárcel y conocer verdaderos criminales. Como siempre, la circunstancia se puso de mi lado y no paso nada.


Me detengo un momento y miro hacia atrás. Alguien borró el trazo de mis huellas pero dejó toda mi basura, mi poesía. Maldito afán guerrillero. Esta historia no termina y la mano ya se me cansó. Empezaré con mis dolores: el alma, los años, la esencia, tú. Si, me dueles tú. Tengo varios años buscando en donde ponerme la curita.


Todo cambia, menos yo. Las prácticas cotidianas me han puesto en la indefensión. Busco refugio, el mundo se ríe. Solo, solo, solo. Tu cantante suena, su voz aguardentosa prevalece en la memoria. Él te quiere igual. Yo también, y te lo digo, pero lo prefieres a él sobre mi. Está bien, comprendo. Yo ya sé que en esta guerra he perdido. E insisto: está bien. Tenía que ocurrir.


Mi poesía tiene límites, como mi vida. Que todo se vaya al carajo. Que no quede nada. No voy a gritar mi muerte. Aquí me quedo en mi rincón para pudrirme agusto. Prometo no estorbar. Y mira, la vida me pone retos para verme tropezar. Le daré gusto total, resulta divertido para todos.


Ya no hay voces en las noches, ya no quedan ilusiones. La noche es silencio y el silencio es mi muerte. ¿Cuánto tengo que cavar para llegar al fin del mundo? Apenas un par de metros, pero eso no me toca. Me voy a permitir otra pregunta: ¿qué es esto? Los estudiosos de las letras no contestarán mi pregunta. Tirarán este papel y seguirán teorizando sobre las formas clásicas e instituidas. Pobres. Esta no es una elegía. Ya lo dije: palabras rotas, inconexas, absurdas. Que se vayan al carajo la poesía, la prosa y todos los géneros literarios.


Si Dios es justo, atenderá este llamado. Vaya tontería. Aprendí a no esperar nada de las deidades superiores. Yo tenía mi musa, mi Afrodita personal, pero esa es historia vieja. Los dioses venidos a la Tierra tampoco son confiables. Y mira que la Tierra era un buen lugar para vivir hasta que llegamos, también, los hombres y nuestros sueños de chocolate. Frágiles, oscuros, incluso amargos. No hay apertura a los cambios en materia individual por que el mercado lo niega. El mercado, menuda estupidez. Veinticinco revoluciones después empezamos a descubrir que hemos perdido el tiempo. Yo contra el marxismo, vieja batalla.


He pasado varias horas escribiendo irrealidades. No hay teoría que me detenga. No hay un ejército. Sólo estoy solo. Solo, solo, solo. Lo repito para que quede claro. Solo, solo, solo. En la ciudad llueve, espero al arcoiris. Y que se vaya al carajo de una vez la olla de oro. Quiero ver colores en este mar de blanco y negro. Vamos, sueños technicolor y la ostia que nos parió a todos.


Salgo bailando el viejo ritmo del Nowhere Man: “so much to do, so little time”. Todo un slogan de vida. Voy a gritar, ya regreso. Demonios. Interrumpí mi grito ante el adverso mensaje de una ciudad que me demanda. El interés de este mundo es mantenerme muerto aunque esté vivo. ¿Y el amor? Guardado en un cajón. Ahí está bien, que no estorbe. Que se muera el desgraciado y que se lleve tu recuerdo.


Aquí me quedo, arrancándole letras al abecedario. Tu sonrisa es mi derrota. Ya llegaron por mi. ¿Hasta pronto? No lo sé. Ya veremos.

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